miércoles, 26 de enero de 2011

you're lovely

Play.

Le das inconscientemente a la canción, sabiendo ya de antemano lo que ocurriría. Comienza así esta desagradable actuación.

Una palabra tras otra suenan, componiendo lo más bello y terrible que puedas escuchar en tu descuidada vida. Palabra tras palabra entran dentro de ti, haciendo aflorar un pequeño escalofrío que recorre tu espina. Continuas. Ya han sonado unos escasos minutos, y ya empiezas a sentirlo. Termina la canción.

Replay.

Vuelves a darle a la canción, sin importante nada más en la vida que volver a escucharla. Ya es demasiado tarde, se ha enganchado a ti con tal fuerza que solo tú podrás acabar con ella. Si asi lo deseas.

Empieza de nuevo la canción, repitiendo cada una de las palabras que ahora tarareas inconscientemente. Salen lentamente de ti, al mismo compás. La sensación. Ahora se intensifica con cada segundo que sigue sonando la melodía. Cierras los ojos un instantes y rápidamente los abres. Sigues tarareando la canción. Los ojos empiezan a humedecerse, ya estás a punto de estallar. Termina la canción.

Replay again.

Una vez más, y por última, escuchas otra vez la canción. La última gota que colma el vaso que estás a punto de derramar por tu rostro. Así termina, así finaliza.

Tus palabras y las suyas empiezan en una coordinación inimaginable, pero cuando llegas a los pocos segundos, tu voz empieza a quebrarse. No puedes aguantarlo más. La canción ha conseguido su propósito, y ahora estás hecho añicos. Cada letra de cada palabra golpea tu pecho produciendo lágrimas, que caen con delicadeza por tus mejillas. Tiemblas. No es el frío, y aprietas el puño contra la mesa. Cierras los ojos con rabia, dejando que la canción invada cada rincón de tu ser. Más y más lágrimas que no apartas. Continua la canción y no puedes casi respirar, cuando estás a punto de romperte en mil pedazos... termina. Ya ha acabado la canción.

STOP.



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