martes, 8 de octubre de 2013

SUBIDA



Es erróneo afirmar que su vida ha sido tormentosa desde los inicios. Todo en esta vida, en este mundo, tiene una transición.  Desde renacuajo vivió entre algodones, que no os quepa duda.  ¿Pero qué padres no tratan a su pequeño como el rey qué es? La etapa dorada dura y dura, aunque cuando crecemos nos parece lejana y efímera, es un letargo agradable, los segundos previos a una ejecución inesperada. Los primeros pasos a las relaciones sociales suelen ser vitales, pero no decisivos. La vida da vueltas y vueltas. Y aún era un pequeño príncipe pirata que sube a su galera para explorar los nuevos mundos. Éste será su primer choque contra rocas, y el principio de inundación de lo que será su marisma. 

Por muchos golpes en las rodillas y rasguños en las mejillas, siempre tendremos el bote salvavidas. No existe el fin del mundo para el que sueña despierto. Seguía creciendo al margen de los planetas y sus órbitas elípticas. Pero en todo cosmos existen puntos claves, coincidencias, y hay colisiones que no se pueden evitar. Es aquí, damas y caballeros, dónde dará comienzo su propio show, lo que dará respuesta a sus preguntas que no se atreve a formular. 

El tiempo pasa quieras o no quieras, y aceptar y asumir es algo imprescindible para avanzar, pero no quiere decir que ésta aceptación no conlleve daños colaterales. Seas o no consciente, se hacen mella y reflejo los acontecimientos pasados que determinarán siempre, siempre. Creía tener el mundo a sus pies y respiraba cada molécula. Disfrutaba de cada color, sabor, textura y olor. No podía, no debía poner pega a cuan resplandeciente era su burbuja. Podríamos decir, que seguía la delgada línea y patrón de una vida ligada a una trama imposible. “Imposible”, porque la pizca de dramatización a su teatro de juguete era algo que iba y venía haciéndose realidad a cada chasquido de dedos. Perfección, era una palabra tan asociada a su vida, pero era una perfección carcomida, una realidad putrefacta. No quiere ver, es cierto, y se divierte tentando a ciegas la suerte. Deja a parte aquello que sabe, destierra el dolor. Pero como es la suerte lo que decide en el principio y en el final, que no es abarcable en las manos de un mortal, su vida, lo que queda de ella, no será lo que siempre había anhelado.