miércoles, 20 de julio de 2011

Cuando abrí los ojos ya me sentía raro. Me desperté antes de que el despertador sonara, algo ya bastante raro en mi, cuando suelo tardar como treinta minutos más en levantarme después de que suene el despertador. Pero ese día era diferente. Me levanté con la sensación de haber descansado poco, más bien nada, y con un gusto en la garganta amargo. Al incorporarme me mareé, me quedé aturdido en la cama como veinte minutos más (los cuales no me podía permitir), con las manos en la cabeza y los ojos cerrados tratando de centrarme. Lentamente volví a la calma y me levante despacio para no volver a marearme. El aire estaba cargado, y la respiración se me volvía dificil. Me dí una ducha rápida,haber perdido veinte minutos recuperandome del fatídico mareo me hico perder tiempo. Desayuné un par de tostada a la velocidad de la luz y un sorbo de café frío. Me levanté para coger el abrigo y salir por la puerta cuando volví a marearme. Me apoye en el mueble de la entrada para no caerme al suelo. Me costaba respirar. Todo empezó a dar vueltas a mi alrededor y un fuerte dolor hostigaba mi pecho. Cai al suelo y horribles calambres recorrieron mi cuerpo dejandome totalmente paralizado. Seguia sin poder respirar, me llevé las manos al cuello inutilmente, mientras el agobio por la falta de oxigeno iba haciendose más insoportable. Perdí la vista y el conocimiento cuando el teléfono empezó a sonar.

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